Desde aquí todo parece más
fácil. Es como si por un momento pudieras pasar por todos los caminos
a la vez, como si quisieras dejarte los dedos en aprender a acariciar.
Desde aquí todo parece más fácil. Los trenes no tienen
destinos distintos, los sueños se dibujan con recortes de mar y perderse
es tan habitual que depende del sentido en el que sople el viento. Desde
aquí me es difícil pensar en los incendios, en las manos asesinas,
en la pólvora incandescente. Me cuesta descubrir que la temperatura
aumentó, que los polos tienen los días contados, que los campos
de golf son promesas que crecen que nacen y arrancan.
Miro a lo lejos, desde esta isla al norte del norte, y me es imposible creer
que la vida es una voz que perece, un teléfono que cae en la cabina,
un poema sin sentido. Pero las horas se suicidan y en lugar de vacío
encuentran relojes. Cuánto tiempo habrá que esperar al diluvio,
a la desertización, a los pueblos abandonados. Cuánto a una
marea negra, a una guerra más en nombre de la paz o la religión.
Nos hemos hecho cobardes y volvemos la espalda en cuanto se duerme el dueño
de los sueños. Construimos castillos en el aire mientras especulamos
con las nubes, y creamos hogares junto a personas que tiramos por el desagüe.
Hablamos de la vida y dejamos la tierra muda, como una vieja desnuda; sin
nombre, sin recuerdos. Las religiones alcantarillan el cielo y a todos los
dioses les tiembla la voz, pero desde aquí, desde esta isla, los poemas
no los escribe dios. Las palabras son las vísceras de las flores,
balas sin su fusil.
Desde aquí todo parece más fácil. La única perfección
es la imperfección, las únicas virtudes sólo los defectos
y la única piel es la de la luna. Mis piernas son el viento y las
laderas el camino de cera de una vela que muere. Aquí, nacen las luces
y mueren las farolas y el hombre respira libertad, ese poder de ser la causa.
Desde aquí, todo sigue estando al otro lado.
Ile de Bréhat
© Miguel Ángel Esteban
- Merak
- Octubre - 2006
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