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Me asomo a la ventana



Hay despedidas que nos negamos a reconocer. No nos interesan. Y sin apenas darnos cuenta, ponemos en marcha el engranaje que nos hace mirar hacia otro lado, como si la cosa no fuera con nosotros. Preferimos nadar en una porción de arena a la deriva, que enfrentarnos al sorbo de lo desaparecido.

Me costó tres años asumir que Nacha Pop se habían disuelto. Por mucho que mi memoria se empeñara en recordarme su último concierto del 88 en el Jácara de Madrid, para mi aquello nunca había sucedido. Esos tres años fue el tiempo exacto que transcurrió hasta que Antonio Vega hacinó las fuerzas necesarias y las canciones oportunas para volver a los escenarios. No, su presencia no fue una cita con el pasado, sino palabras de lluvia, universos desnudos. Fue abrazarse al único tablón que titilaba en el océano. Fue romper las fotos en blanco y negro que no supe leer. Fue soñar con sueños.

Mucho se ha escrito en estos dieciocho años. Desde artículos en revistas musicales de reconocido prestigio, pasando por análisis específicos de acreditados comentaristas, hasta libros analizando la trayectoria del grupo. La conclusión siempre convergía en el mismo punto: Nacha Pop nunca volverá a unirse, jamás volverán a tocar juntos. Y por mucho que aquello me doliera como si me echaran sal en la herida, pensé que era como los amores interrumpidos, que es mejor despedirse con el sabor aún en los labios, que desenchufar juntos el aparato de respiración asistida.

Pero la felicidad es difícil de describir, es como volverse a inventar, como volverse a dibujar. Los cuarenta cumplían cuarenta, qué coincidencia caprichosa... son de mi quinta; y aunque ahora procuro saltarme esa emisora, hubo un tiempo que junto al Diario pop fueron mi biblia y mi catecismo. Cuál fue mi sorpresa que tras escuchar a Antonio Vega cantar junto a Amaral Cómo hablar, éste dio paso a Nacho y Carlos. ¡Ya estaba! ¡Ahí estaban juntos otra vez! Todo se hizo una pelota en mi estómago; distancia, ausencia, recuerdo, olvido, silencio, gritos, locura, imaginación, utopía, razón, veneno, miel, principio, infinito...

Los vi tocar La chica de ayer como quien se adentra en una ruta espeleológica, y aunque los años no pasan en balde, para ellos tampoco, me volví a ver en aquella tercera línea del Jácara como hacía dieciocho años, con el corazón en los puños, con las lágrimas temblando, con el ritmo en los pies... Entonces, mientras todo transcurría ante mis ojos como quien lee un diario que ha descubierto bajo una baldosa, supe que al final... todo termina empezando.


- Merak - Julio - 2006