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Nos vemos en Abril


La última vez que estuve con él respiraba ilusiones y cantaba tristezas. Me pidió un rubio para mezclarlo con una china... nos lo fumamos a medias. Acababa de cantar Buena chica. Fue en El rincón del arte nuevo, un año después aparecía muerto en un portal, solo, abandonado, sin nadie a su lado. Me dijo que estaba en su mejor momento, que su nuevo disco con Los problemas estaba funcionando muy bien, pero desde aquel día lo perdí. Todavía recuerdo cuando la noticia me sorprendió a primera hora de la mañana. Quise creer que no era verdad, que el locutor se había equivocado de nombre... pero no fue así. Enrique Urquijo había volado, como sus canciones, hasta el infinito. Recuerdo que lo primero que pensé es que aquello no me afectaría, que me dejaría llevar mi vida normal... me equivoqué. Cuando entré en mi habitación de cuatro paredes, ya no había cimientos, y la cama avalaba los sueños de la duda.

Desde entonces, la música es una obra de teatro, y el mundo un simple decorado. Ya no soy el protagonista de tus canciones, ni el sueño de las farolas que nacen al anochecer.
Hoy he escuchado Una y mil veces, pero sólo fue un soliloquio de una tarde de ausencia. El disco de los secretos ya no suena a ti, suena a  Álvaro Urquijo... y no es que esté mal, pero esboza sombra sin luz, carne sin cristal, sueños sin melancolías. Cerré los ojos al escucharlo y los océanos ya no eran blancos, ni había orillas de playa, ni sal en las lágrimas... aunque alguna me resbaló con Nos vemos en abril.

Intenté explicarle a mi hijo quienes eran Los secretos, pero fue como intentar dibujar siete caras a un dado. ¿Cómo explicarle que cuando tenía su edad yo dibujaba corazones Sobre un vidrio mojado?

Hoy te pediría otro sorbo, pero ya no será. Hoy me gustaría volver a estar junto a ti en los bajos de Aurrerá, como aquella noche, en la que los dos borrachos cantamos Buena chica... como la última canción que  te oí... mientras mirabas al cielo y respirabas ilusiones... y cantabas tristezas.

Te llamaban el chico de la lluvia, porque creía que tus mejores canciones salía de una llama sobre el sonido del agua. Algunos incluso decían que le dabas al grifo de la ducha para que llegara la inspiración si el clima no te acompañaba. Yo sé que no era así, que eso no era necesario. Que aunque había una parte de ti que dormía, otra vivía sonámbula y de ahí salían tus canciones sin rumbo... La última, nadie la conocerá, te la llevaste en una herida invisible. La misma herida por donde se escapan mis recuerdos, pues desde entonces, una parte de mi memoria, de mi vida, se fue contigo. Dónde quedan las palabras, dónde la ausencia, dónde las mariposas, dónde los últimos versos...



- Merak - Mayo 2006