Ayer te vi. Tu cara estaba más
estropeada, ajada por unos surcos incontrolables que se dispersaban desde
tus ojos hasta las sienes, como la cola de una estrella fugaz. Tus cabellos
deshilachados, abiertos en dos cada uno de ellos, atrapados por un movimiento
oscilante del aire que en un puro acto de piedad, sólo pretendía
mejorar tu aspecto.
La chaqueta, medianamente colocada, tenía una finalidad, camuflar
con decoro tu silueta; y cuando me miraste, casi inconscientemente, equilibraste
las hombreras para dar otro aspecto.
Cerré los ojos, con la ilusión de que al abrirlos tú
no fueras tú, de que mi conocido despiste una vez más me hubiera
jugado una mala pasada; pero me desperté como me dormí, descendiendo
en las regiones más profundas de mi memoria. Ya no eras aquella que
me atrapaba con una sola mirada, aquella que era capaz de embriagarme con
dos de tus palabras, y que soñándote me hacías remontar
los paisajes insolentes de tu cuerpo, tus ríos, tus montañas,
tus abismos...
Tu perfume dulzón me anunció nuevamente tu presencia; tus manos
temblorosas, la cara desilusionada. La vida no había sido justa contigo,
pero... ¿con quién lo es?. No, contigo había sido más
cruel, eso se notaba. Ya no tenías ese rostro que la luna iluminaba
sacándole cada resplandor, y que como en un duermevelas me hacía
imaginar caricias, deseos.
Tu recuerdo se disuelve con tus palabras, se diluye en un solo tiempo y me
inunda cada poro, los abiertos y los que cerraste cuando te fuiste. La vista
se nubla en el fragmento de tu estela, ¿dónde estará?,
¿dónde estarán aquellos días en que te hubiera
regalado mis días?. Lo sé, la vida es el miedo a sufrir, y
es peor que el propio sufrimiento.
¿Sabes?, me da vergüenza reconocerlo, una noche estuviste en
mis brazos, se que lo recuerdas, no trates de disimular detrás
de esa chaqueta negra que ahora te cobija. No me dirás nada, también
lo sé, pero aquella noche tus labios latieron embarcados en un viaje
que hasta entonces era desconocido para los dos; entonces se juntaron y apareció
mi primer beso, mi primer “te quiero”... Mi primer recuerdo.
- Merak
- Abril 2006
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